Talpa
Originalmente publicado en la revista América
Nº 62, enero, 1950
(El llano en llamas, 1953)
Natalia se metió entre los brazos de su madre y lloró largamente allí con un llanto quedito. Era un llanto aguantado por muchos días, guardado hasta ahora que regresamos a Zenzontla y vio a su madre y comenzó a sentirse con ganas de consuelo.
Sin embargo, antes, entre los trabajos de tantos días difíciles, cuando tuvimos que enterrar a Tanilo en un pozo de la tierra de Talpa, sin que nadie nos ayudara, cuando ella y yo, los dos solos, juntamos nuestras fuerzas y nos pusimos a escarbar la sepultura desenterrando los terrones con nuestras manos —dándonos prisa para esconder pronto a Tanilo dentro del pozo y que no siguiera espantando ya a nadie con el olor de su aire lleno de muerte—, entonces no lloró.
Ni después, al regreso, cuando nos vinimos caminando de noche sin conocer el sosiego, andando a tientas como dormidos y pisando con pasos que parecían golpes sobre la sepultura de Tanilo. En ese entonces, Natalia parecía estar endurecida y traer el corazón apretado para no sentirlo bullir dentro de ella. Pero de sus ojos no salió ninguna lágrima.
Vino a llorar hasta aquí, arrimada a su madre; sólo para acongojarla y que supiera que sufría, acongojándonos de paso a todos, porque yo también sentí ese llanto de ella dentro de mí como si estuviera exprimiendo el trapo de nuestros pecados.
Porque la cosa es que a Tanilo Santos entre Natalia y yo lo matamos. Lo llevamos a Talpa para que se muriera. Y se murió. Sabíamos que no aguantaría tanto camino; pero, así y todo, lo llevamos empujándolo entre los dos, pensando acabar con él para siempre. Eso hicimos.
La idea de ir a Talpa salió de mi hermano Tanilo. A él se le ocurrió primero que a nadie. Desde hacía años que estaba pidiendo que lo llevaran. Desde hacía años. Desde aquel día en que amaneció con unas ampollas moradas repartidas en los brazos y las piernas. Cuando después las ampollas se le convirtieron en llagas por donde no salía nada de sangre y sí una cosa amarilla como goma de copal que destilaba agua espesa. Desde entonces me acuerdo muy bien que nos dijo cuánto miedo sentía de no tener ya remedio. Para eso quería ir a ver a la Virgen de Talpa; para que Ella con su mirada le curara sus llagas. Aunque sabía que Talpa estaba lejos y que tendríamos que caminar mucho debajo del sol de los días y del frío de las noches de marzo, así y todo quería ir. La Virgencita le daría el remedio para aliviarse de aquellas cosas que nunca se secaban. Ella sabía hacer eso: lavar las cosas, ponerlo todo nuevo de nueva cuenta como un campo recién llovido. Ya allí, frente a Ella, se acabarían sus males; nada le dolería ni le volvería a doler más. Eso pensaba él.
Y de eso nos agarramos Natalia y yo para llevarlo. Yo tenía que acompañar a Tanilo porque era mi hermano. Natalia tendría que ir también, de todos modos, porque era su mujer. Tenía que ayudarlo llevándolo del brazo, sopesándolo a la ida y tal vez a la vuelta sobre sus hombros, mientras él arrastrara su esperanza.
Yo ya sabía desde antes lo que había dentro de Natalia. Conocía algo de ella. Sabía, por ejemplo, que sus piernas redondas, duras y calientes como piedras al sol del mediodía, estaban solas desde hacía tiempo. Ya conocía yo eso. Habíamos estado juntos muchas veces; pero siempre la sombra de Tanilo nos separaba: sentíamos que sus manos ampolladas se metían entre nosotros y se llevaban a Natalia para que lo siguiera cuidando. Y así sería siempre mientras él estuviera vivo.
Yo sé ahora que Natalia está arrepentida de lo que pasó. Y yo también lo estoy; pero eso no nos salvará del remordimiento ni nos dará ninguna paz ya nunca. No podrá tranquilizarnos saber que Tanilo se hubiera muerto de todos modos porque ya le tocaba, y que de nada había servido ir a Talpa, tan allá, tan lejos; pues casi es seguro de que se hubiera muerto igual allá que aquí, o quizás tantito después aquí que allá, porque todo lo que se mortificó por el camino, y la sangre que perdió de más, y el coraje y todo, todas esas cosas juntas fueron las que lo mataron más pronto. Lo malo está en que Natalia y yo lo llevamos a empujones, cuando él ya no quería seguir, cuando sintió que era inútil seguir y nos pidió que lo regresáramos. A estirones lo levantábamos del suelo para que siguiera caminando, diciéndole que ya no podíamos volver atrás.
“Está ya más cerca Talpa que Zenzontla.” Eso le decíamos. Pero entonces Talpa estaba todavía lejos; más allá de muchos días.
Lo que queríamos era que se muriera. No está por demás decir que eso era lo que queríamos desde antes de salir de Zenzontla y en cada una de las noches que pasamos en el camino de Talpa. Es algo que no podemos entender ahora; pero entonces era lo que queríamos me acuerdo muy bien.
Me acuerdo de esas noches. Primero nos alumbrábamos con ocotes. Después dejábamos que la ceniza oscureciera la lumbrada y luego buscábamos Natalia y yo la sombra de algo para escondernos de la luz del cielo. Así nos arrimábamos a la soledad del campo, fuera de los ojos de Tanilo y desaparecidos en la noche. Y la soledad aquella nos empujaba uno al otro. A mí me ponía entre los brazos el cuerpo de Natalia y a ella eso le servía de remedio. Sentía como si descansara; se olvidaba de muchas cosas y luego se quedaba adormecida y con el cuerpo sumido en un gran alivio.
Siempre sucedía que la tierra sobre la que dormíamos estaba caliente. Y la carne de Natalia, la esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba en seguida con el calor de la tierra. Luego aquellos dos calores juntos quemaban y lo hacían a uno despertar de su sueño. Entonces mis manos iban detrás de ella; iban y venían por encima de ese como rescoldo que era ella; primero suavemente, pero después la apretaban como si quisieran exprimirle la sangre. Así una y otra vez, noche tras noche, hasta que llegaba la madrugada y el viento frío apagaba la lumbre de nuestros cuerpos. Eso hacíamos Natalia y yo a un lado del camino de Talpa, cuando llevamos a Tanilo para que la Virgen lo aliviara.
Ahora todo ha pasado. Tanilo se alivió hasta de vivir. Ya no podrá decir nada del trabajo tan grande que le costaba vivir, teniendo aquel cuerpo como emponzoñado, lleno por dentro de agua podrida que le salía por cada rajadura de sus piernas o de sus brazos. Unas llagas así de grandes, que se abrían despacito, muy despacito, para luego dejar salir a borbotones un aire como de cosa echada a perder que a todos nos tenía asustados.
Pero ahora que está muerto la cosa se ve de otro modo. Ahora Natalia llora por él, tal vez para que él vea, desde donde está, todo el gran remordimiento que lleva encima de su alma. Ella dice que ha sentido la cara de Tanilo estos últimos días. Era lo único que servía de él para ella; la cara de Tanilo, humedecida siempre por el sudor en que lo dejaba el esfuerzo para aguantar sus dolores. La sintió acercándose hasta su boca, escondiéndose entre sus cabellos, pidiéndole, con una voz apenitas, que lo ayudara. Dice que le dijo que ya se había curado por fin; que ya no le molestaba ningún dolor. Ya puedo estar contigo, Natalia. Ayúdame a estar contigo”, dizque eso le dijo.
Acabábamos de salir de Talpa, de dejarlo allí enterrado bien hondo en aquel como surco profundo que hicimos para sepultarlo.
Y Natalia se olvidó de mí desde entonces. Yo sé cómo le brillaban antes los ojos como si fueran charcos alumbrados por la luna. Pero de pronto se destiñeron, se le borró la mirada como si la hubiera revolcado en la tierra. Y pareció no ver ya nada. Todo lo que existía para ella era el Tanilo de ella, que ella había cuidado mientras estuvo vivo y lo había enterrado cuando tuvo que morirse.
Tardamos veinte días en encontrar el camino real de Talpa. Hasta entonces habíamos venido los tres solos. Desde allí comenzamos a juntarnos con gente que salía de todas partes; que había desembocado como nosotros en aquel camino ancho parecido a la corriente de un río, que nos hacía andar a rastras, empujados por todos lados como si nos llevaran amarrados con hebras de polvo. Porque de la tierra se levantaba, con el bullir de la gente, un polvo blanco como tamo de maíz que subía muy alto y volvía a caer; pero los pies al caminar lo devolvían y lo hacían subir de nuevo; así a todas horas estaba aquel polvo por encima y debajo de nosotros. Y arriba de esta tierra estaba el cielo vacío, sin nubes, sólo el polvo; pero el polvo no da ninguna sombra.
Teníamos que esperar a la noche para descansar del sol y de aquella luz blanca del camino.
Luego los días fueron haciéndose más largos. Habíamos salido de Zenzontla a mediados de febrero, y ahora que comenzaba marzo amanecía muy pronto. Apenas si cerrábamos los ojos al oscurecer, cuando nos volvía a despertar el sol el mismo sol que parecía acabarse de poner hacía un rato.
Nunca había sentido que fuera más lenta y violenta la vida como caminar entre un amontonadero de gente; igual que si fuéramos un hervidero de gusanos apelotonados bajo el sol, retorciéndonos entre la cerrazón del polvo que nos encerraba a todos en la misma vereda y nos llevaba como acorralados. Los ojos seguían la polvarera; daban en el polvo como si tropezaran contra algo que no se podía traspasar. Y el cielo siempre gris, como una mancha gris y pesada que nos aplastaba a todos desde arriba. Sólo a veces, cuando cruzábamos algún río, el polvo era más alto y más claro. Zambullíamos la cabeza acalenturada y renegrida en el agua verde, y por un momento de todos nosotros salía un humo azul, parecido al vapor que sale de la boca con el frío. Pero poquito después desaparecíamos otra vez entreverados en el polvo, cobijándonos unos a otros del sol de aquel calor del sol repartido entre todos.
Algún día llegará la noche. En eso pensábamos. Llegará la noche y nos pondremos a descansar. Ahora se trata de cruzar el día, de atravesarlo como sea para correr del calor y del sol. Después nos detendremos. Después. Lo que tenemos que hacer por lo pronto es esfuerzo tras esfuerzo para ir de prisa detrás de tantos como nosotros y delante de otros muchos. De eso se trata. Ya descansaremos bien a bien cuando estemos muertos.
En eso pensábamos Natalia y yo y quizá también Tanilo, cuando íbamos por el camino real de Talpa, entre la procesión; queriendo llegar los primeros hasta la Virgen, antes que se le acabaran los milagros.
Pero Tanilo comenzó a ponerse más malo. Llegó un rato en que ya no quería seguir. La carne de sus pies se había reventado y por la reventazón aquella empezó a salírsele la sangre. Lo cuidamos hasta que se puso bueno. Pero, así y todo, ya no quería seguir:
“Me quedaré aquí sentado un día o dos y luego me volveré a Zenzontla.” Eso nos dijo.
Pero Natalia y yo no quisimos. Había algo dentro de nosotros que no nos dejaba sentir ninguna lástima por ningún Tanilo. Queríamos llegar con él a Talpa, porque a esas alturas, así como estaba, todavía le sobraba vida. Por eso mientras Natalia le enjuagaba los pies con aguardiente para que se le deshincharan, le daba ánimos. Le decía que sólo la Virgen de Talpa lo curaría. Ella era la única que podía hacer que él se aliviara para siempre. Ella nada más. Había otras muchas Vírgenes; pero sólo la de Talpa era la buena. Eso le decía Natalia.
Y entonces Tanilo se ponía a llorar con lágrimas que hacían surco entre el sudor de su cara y después se maldecía por haber sido malo. Natalia le limpiaba los chorretes de lágrimas con su rebozo, y entre ella y yo lo levantábamos del suelo para que caminara otro rato más, antes que llegara la noche.
Así, a tirones, fue como llegamos con él a Talpa.
Ya en los últimos días también nosotros nos sentíamos cansados. Natalia y yo sentíamos que se nos iba doblando el cuerpo entre más y más. Era como si algo nos detuviera y cargara un pesado bulto sobre nosotros. Tanilo se nos caía más seguido y teníamos que levantarlo y a veces llevarlo sobre los hombros. Tal vez de eso estábamos como estábamos: con el cuerpo flojo y lleno de flojera para caminar. Pero la gente que iba allí junto a nosotros nos hacía andar más aprisa.
Por las noches, aquel mundo desbocado se calmaba. Desperdigadas por todas partes brillaban las fogatas y en derredor de la lumbre la gente de la peregrinación rezaba el rosario, con los brazos en cruz, mirando hacia el cielo de Talpa. Y se oía cómo el viento llevaba y traía aquel rumor, revolviéndolo, hasta hacer de él un solo mugido. Poco después todo se quedaba quieto. A eso de la medianoche podía oírse que alguien cantaba muy lejos de nosotros. Luego se cerraban los ojos y se esperaba sin dormir a que amaneciera.
Entramos a Talpa cantando el Alabado. Habíamos salido a mediados de febrero y llegamos a Talpa en los últimos días de marzo, cuando ya mucha gente venía de regreso. Todo se debió a que Tanilo se puso a hacer penitencia. En cuanto se vio rodeado de hombres que llevaban pencas de nopal colgadas como escapulario, él también pensó en llevar las suyas. Dio en amarrarse los pies uno con otro con las mangas de su camisa para que sus pasos se hicieran más desesperados. Después quiso llevar una corona de espinas. Tantito después se vendó los ojos, y más tarde, en los últimos trechos del camino, se hincó en la tierra, y así, andando sobre los huesos de sus rodillas y con las manos cruzadas hacia atrás, llegó a Talpa aquella cosa que era mi hermano Tanilo Santos; aquella cosa tan llena de cataplasmas y de hilos oscuros de sangre que dejaba en el aire, al pasar, un olor agrio como de animal muerto.
Y cuando menos acordamos lo vimos metido entre las danzas. Apenas si nos dimos cuenta y ya estaba allí, con la larga sonaja en la mano, dando duros golpes en el suelo con sus pies amoratados y descalzos. Parecía todo enfurecido, como si estuviera sacudiendo el coraje que llevaba encima desde hacía tiempo; o como si estuviera haciendo un último esfuerzo por conseguir vivir un poco más.
Tal vez al ver las danzas se acordó de cuando iba todos los años a Tolimán, en el novenario del Señor, y bailaba la noche entera hasta que sus huesos se aflojaban, pero sin cansarse. Tal vez de eso se acordó y quiso revivir su antigua fuerza.
Natalia y yo lo vimos así por un momento. En seguida lo vimos alzar los brazos y azotar su cuerpo contra el suelo, todavía con la sonaja repicando entre sus manos salpicadas de sangre. Lo sacamos a rastras, esperando defenderlo de los pisotones de los danzantes; de entre la furia de aquellos pies que rodaban sobre las piedras y brincaban aplastando la tierra sin saber que algo se había caído en medio de ellos.
A horcajadas, como si estuviera tullido, entramos con él en la iglesia. Natalia lo arrodilló junto a ella, enfrentito de aquella figurita dorada que era la Virgen de Talpa. Y Tanilo comenzó a rezar y dejó que se le cayera una lágrima grande, salida de muy adentro, apagándole la vela que Natalia le había puesto entre sus manos. Pero no se dio cuenta de esto; la luminaria de tantas velas prendidas que allí había le cortó esa cosa con la que uno se sabe dar cuenta de lo que pasa junto a uno. Siguió rezando con su vela apagada. Rezando a gritos para oír que rezaba.
Pero no le valió. Se murió de todos modos.
“… Desde nuestros corazones sale para Ella una súplica igual, envuelta en el dolor. Muchas lamentaciones revueltas con esperanza. No se ensordece su ternura ni ante los lamentos ni las lágrimas, pues Ella sufre con nosotros. Ella sabe borrar esa mancha y dejar que el corazón se haga blandito y puro para recibir su misericordia y su caridad. La Virgen nuestra, nuestra madre, que no quiere saber nada de nuestros pecados; que se echa la culpa de nuestros pecados; la que quisiera llevarnos en sus brazos para que no nos lastime la vida, está aquí junto a nosotros, aliviándonos el cansancio y las enfermedades del alma y de nuestro cuerpo ahuatado, herido y suplicante. Ella sabe que cada día nuestra fe es mejor porque está hecha de sacrificios…”
Eso decía el señor cura desde allá arriba del púlpito. Y después que dejó de hablar, la gente se soltó rezando toda al mismo tiempo, con un ruido igual al de muchas avispas espantadas por el humo.
Pero Tanilo ya no oyó lo que había dicho el señor cura. Se había quedado quieto, con la cabeza recargada en sus rodillas. Y cuando Natalia lo movió para que se levantara ya estaba muerto.
Afuera se oía el ruido de las danzas; los tambores y la chirimía; el repique de las campanas. Y entonces fue cuando me dio a mí tristeza. Ver tantas cosas vivas; ver a la Virgen allí, mero enfrente de nosotros dándonos su sonrisa, y ver por el otro lado a Tanilo, como si fuera un estorbo. Me dio tristeza.
Pero nosotros lo llevamos allí para que se muriera, eso es lo que no se me olvida.
Ahora estamos los dos en Zenzontla. Hemos vuelto sin él. Y la madre de Natalia no me ha preguntado nada; ni que hice con mi hermano Tanilo, ni nada. Natalia se ha puesto a llorar sobre sus hombros y le ha contado de esa manera todo lo que pasó.
Y yo comienzo a sentir como si no hubiéramos llegado a ninguna parte, que estamos aquí de paso, para descansar, y que luego seguiremos caminando. No sé para dónde; pero tendremos que seguir, porque aquí estamos muy cerca del remordimiento y del recuerdo de Tanilo.
Quizá hasta empecemos a tenernos miedo uno al otro. Esa cosa de no decirnos nada desde que salimos de Talpa tal vez quiera decir eso. Tal vez los dos tenemos muy cerca el cuerpo de Tanilo, tendido en el petate enrollado; lleno por dentro y por fuera de un hervidero de moscas azules que zumbaban como si fuera un gran ronquido que saliera de la boca de él; de aquella boca que no pudo cerrarse a pesar de los esfuerzos de Natalia y míos, y que parecía querer respirar todavía sin encontrar resuello. De aquel Tanilo a quien ya nada le dolía, pero que estaba como adolorido, con las manos y los pies engarruñados y los ojos muy abiertos como mirando su propia muerte. Y por aquí y por allá todas sus llagas goteando un agua amarilla, llena de aquel olor que se derramaba por todos lados y se sentía en la boca, como si se estuviera saboreando una miel espesa y amarga que se derretía en la sangre de uno a cada bocanada de aire.
Es de eso de lo que quizá nos acordemos aquí más seguido: de aquel Tanilo que nosotros enterramos en el camposanto de Talpa; al que Natalia y yo echamos tierra y piedras encima para que no lo fueran a desenterrar los animales del cerro.
Fans of abstinence had better be sitting down. “Saving yourself” before the big game, the big business deal, the big hoedown or the big bakeoff may indeed confer some moral benefit. But corporeally it does absolutely zip. There’s no evidence it sharpens your competitive edge. The best that modern science can say for sexual abstinence is that it’s harmless when practiced in moderation. Having regular and enthusiastic sex, by contrast, confers a host of measurable physiological advantages, be you male or female. (This assumes that you are engaging in sex without contracting a sexually transmitted disease.)
In one of the most credible studies correlating overall health with sexual frequency, Queens University in Belfast tracked the mortality of about 1,000 middle-aged men over the course of a decade. The study was designed to compare persons of comparable circumstances, age and health. Its findings, published in 1997 in the British Medical Journal, were that men who reported the highest frequency of orgasm enjoyed a death rate half that of the laggards. Other studies (some rigorous, some less so) purport to show that having sex even a few times a week has an associative or causal relationship with the following:
Improved sense of smell: After sex, production of the hormone prolactin surges. This in turn causes stem cells in the brain to develop new neurons in the brain’s olfactory bulb, its smell center.
Reduced risk of heart disease: In a 2001 follow-on to the Queens University study mentioned above, researchers focused on cardiovascular health. Their finding? That by having sex three or more times a week, men reduced their risk of heart attack or stroke by half. In reporting these results, the co-author of the study, Shah Ebrahim, Ph.D., displayed the well-loved British gift for understatement: “The relationship found between frequency of sexual intercourse and mortality is of considerable public interest.”
Weight loss, overall fitness: Sex, if nothing else, is exercise. A vigorous bout burns some 200 calories–about the same as running 15 minutes on a treadmill or playing a spirited game of squash. The pulse rate, in a person aroused, rises from about 70 beats per minute to 150, the same as that of an athlete putting forth maximum effort. British researchers have determined that the equivalent of six Big Macs can be worked off by having sex three times a week for a year. Muscular contractions during intercourse work the pelvis, thighs, buttocks, arms, neck and thorax. Sex also boosts production of testosterone, which leads to stronger bones and muscles. Men’s Health magazine has gone so far as to call the bed the single greatest piece of exercise equipment ever invented.
Reduced depression: Such was the implication of a 2002 study of 293 women. American psychologist Gordon Gallup reported that sexually active participants whose male partners did not use condoms were less subject to depression than those whose partners did. One theory of causality: Prostoglandin, a hormone found only in semen, may be absorbed in the female genital tract, thus modulating female hormones.
Pain-relief: Immediately before orgasm, levels of the hormone oxytocin surge to five times their normal level. This in turn releases endorphins, which alleviate the pain of everything from headache to arthritis to even migraine. In women, sex also prompts production of estrogen, which can reduce the pain of PMS.
Less-frequent colds and flu: Wilkes University in Pennsylvania says individuals who have sex once or twice a week show 30% higher levels of an antibody called immunoglobulin A, which is known to boost the immune system.
Better bladder control: Heard of Kegel exercises? You do them, whether you know it or not, every time you stem your flow of urine. The same set of muscles is worked during sex.
Better teeth: Seminal plasma contains zinc, calcium and other minerals shown to retard tooth decay. Since this is a family Web site, we will omit discussion of the mineral delivery system. Suffice it to say that it could be a far richer, more complex and more satisfying experience than squeezing a tube of Crest–even Tartar Control Crest. Researchers have noted, parenthetically, that sexual etiquette usually demands the brushing of one’s teeth before and/or after intimacy, which, by itself, would help promote better oral hygiene.
A happier prostate? Some urologists believe they see a relationship between infrequency of ejaculation and cancer of the prostate. The causal argument goes like this: To produce seminal fluid, the prostate and the seminal vesicles take such substances from the blood as zinc, citric acid and potassium, then concentrate them up to 600 times. Any carcinogens present in the blood likewise would be concentrated. Rather than have concentrated carcinogens hanging around causing trouble, it’s better to evict them. Regular old sex could do the job. But if the flushing of the prostate were your only objective, masturbation might be a better way to go, especially for the non-monogamous male. Having sex with multiple partners can, all by itself, raise a man’s risk of cancer by up to 40%. That’s because he runs an increased risk of contracting sexual infections. So, if you want the all the purported benefits of flushing with none of the attendant risk, go digital. A study recently published by the British Journal of Urology International asserts that men in their 20s can reduce by a third their chance of getting prostate cancer by ejaculating more than five times a week.
While possession of a robust appetite for sex–and the physical ability to gratify it–may not always be the cynosure of perfect health, a reluctance to engage can be a sign that something is seriously on the fritz, especially where the culprit is an infirm erection.
Dr. J. Francois Eid, a urologist with Weill Medical College of Cornell University and New York Presbyterian Hospital, observes that erectile dysfunction is extension of vascular system. A lethargic member may be telling you that you have diseased blood vessels elsewhere in your body. “It could be a first sign of hypertension or diabetes or increased cholesterol levels. It’s a red flag that you should see your doctor.” Treatment and exercise, says Dr. Eid, can have things looking up again: “Men who exercise and have a good heart and low heart rate, and who are cardio-fit, have firmer erections. There very definitely is a relationship.”
But is there such a thing as too much sex?
The answer, in purely physiological terms, is this: If you’re female, probably not. If you’re male? You betcha.
Dr. Claire Bailey of the University of Bristol says there is little or no risk of a woman’s overdosing on sex. In fact, she says, regular sessions can not only firm a woman’s tummy and buttocks but also improve her posture.
Dr. George Winch Jr., an obstetrician/gynecologist in Elko, Nev., concurs. If a woman is pre-menopausal and otherwise healthy, says Dr. Winch, her having an extraordinary amount of intercourse ought not to pose a problem. “I don’t think women can have too much intercourse,” he says, “so long as no sexually transmitted disease is introduced and there’s not an inadvertent pregnancy. Sometimes you can have a lubrication problem. If you have that, there can be vaginal excoriation–vaginal scrape.”
Women who abstain from sex run some risks. In postmenopausal women, these include vaginal atrophy. Dr. Winch has a middle-aged patient of whom he says: “She hasn’t had intercourse in three years. Just isn’t interested. The opening of her vagina is narrowing from disuse. It’s a condition that can lead to dysparenia, or pain associated with intercourse. I told her, ‘Look, you’d better buy a vibrator or you’re going to lose function there.’”
As for men, urologist Eid says it’s definitely possible to get too much of a good thing, now that drugs such as Viagra and Levitra have given men far more staying power than may actually be good for them.
The penis, says Eid, is wonderfully resilient. But everything has its limits. Penile tissues, if given too roistering or prolonged a pummeling, can sustain damage. In cases you’d just as soon not hear about, permanent damage.
“Yes,” says Dr. Eid, “It is possible for a young man who is very forceful and who likes rough sex, to damage his erectile tissue.” The drugs increase rigidity; moreover, they make it possible for a man to have second and third orgasms without having to wait out intermission.
“I see it in pro football players,” says Eid. “They use Viagra because they’re so sexually active. What they demand of their body is unreasonable. It’s part of playing football: you play through the pain.” This type of guy doesn’t listen to his body. He takes a shot of cortisone, and keeps on going. And they have sex in similar fashion.”
There’s a reason the penis, in its natural state, undergoes a period of flaccidity: That’s when it takes a breather. The blood within it is replenished with oxygen. “During an erection,” explains Eid, “very little blood flows to the penis. During thrusting, pressure can go as high as 200 mil of water. Zero blood flows into penis at that time.” To absorb oxygen, the tissue must become relaxed. “If you do not allow the penis to rest, then the muscle tissue does not get enough oxygen. The individual gets prolonged erections, gets decreased oxygen to tissue, and could potentially suffer priapism.” (We recommend you get a medical encyclopedia and look it up.) “The muscle becomes so engorged, it’s painful. Pressure inside starts to increase. Cells start dying. More pressure and less blood flow. Eventually the muscle dies. Then there’s scarring. That’s why it’s considered an emergency.”
Undoubtedly one of the greatest summerhits of 2004!
The number one song that has climbed to the top of the charts in countries like Spain, France, Italy, Germany and Englsnd, has taken Canada by storm and is already played in clubs, up and down everywhere!! Watch the videoclips and and listen to the song:
Three young boys, resulting from Moldavie and products in Romania, invade the European dance-floors! Success extend in Spain and Italy where they are also “number uno” and remixés. A true phenomenon for the summer 2004: servant boys-band of the East, with their single “Dragostea din Tei”, (”love under a lime” in translation).
Ozone arrives with new a single!
After fourteen weeks consecutive classified number one of the sales in France and more than one million specimens sold with the hit “Dragostea DIN Tei”, O-Zone returns with new simple, “Despre Tine”, extracted the album “Disc-O-zone”.
It acts of the first true Ozone single in Eastern Europe. In addition, “Despre Tine” is announced in France as a second single worship which is accompanied by a clip way “Austin Powers”!
Haiducii vs. O-Zone Controversy over the 2004 summer hit: Who brings the better “Dragostea din tei”?
It hardly becomes times correctly sunny outside, strikes themselves the music industry around the summer hit. “Mambo NO. 5″,” in The buzzer time “, the” Ketchup Song “,” Maccarena “- that were the sun Knaller from the last years. 2004 the tongue crusher title “Dragosta DIN Tei” has hot chances on the summer hit. And because the Song is so good, it is now also equivalent twice in the Charts represented…
“Dragostea DIN Tei” is Romanian, is called translated “love under the lime tree trees” and comes from the Romanian Boygroup of ozones. They were lasting for weeks in Romania, France and Spain at place 1. Dan Balan of ozones believes: “one does not have to understand the text. Our song makes simply good mood and has a coolen rhythm. That is the whole secret of the Songs.”
The same secret has however also a Interpretin named Haiducii: The Romanian singer, host and actress (correct name: Paula Mitrache) after-sang the Partyknaller somewhat tightened and created it thereby already times in Italy at place one! In the German Charts Haiducii to time with the dupe of two places is behind ozones on place 3 - and continues to catch up.
The three young are however sure itself that they will make a running: “it will like that be as in the other countries. If we come, the Cover version can pack up. It is only a bad copy!”
Paula sees that differently: “became with Gabry Pontes production the Song only the hit in Italy. Young of ozones it can be nevertheless glad that thereby ‘ Dragostea became so correctly large DIN Tei ‘ only - otherwise it would have never created the Song beyond the borders of Romania!”
A man is taking a walk in Central park in New York. Suddenly he sees a little girl being attacked by a pit bull. He runs over and starts fighting with the dog. He succeeds in killing the dog and saving the girl’s life.
A policeman who was watching the scene walks over and says:
“You are a hero, tomorrow you can read it in all the newspapers: ‘Brave New Yorker saves the life of little girl’”.
The man says: “But I am not a New Yorker!”
“Oh then it will say in newspapers in the morning: ‘Brave American saves life of little girl’” - the policeman answers.
“But I am not an American!” - says the man.
“Oh, what are you then?”
The man says: “I am a Pakistani!”
The next day the newspapers say: “Islamic extremist kills American dog. Connections to terrorist networks are being explored”
“Choose life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a big fucking television, choose washing machines, cars, compact disk players and electrical tin openers… choose DIY and wondering who the fuck you are on a Sunday morning. Choose sitting on the couch, watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pishing your last in a miserable home, nothing more than an embarassment to the selfish, fucked-up brats you spawned to replace yourself. Choose your future. Choose life. But why would I want to do a thing lke that?” - Renton
“I chose not to choose life. I chose something else. And the reasons? There are no reasons. Who needs resons when you’ve got heroin?”
“Now I’ve justified this to myself in all sorts of ways. it wasn’t a big deal, just a minor betrayal. Or we’d outgrown each other, you know, that sort of thing. But let’s face it, I ripped them off- my so-called mates. But Begbie, I couldn’t give a shit about him. And Sick Boy, well he’d have done the same to me if he’d only thought of it first. And Spud, well, okay, I felt sorry for Spud- he’s never hurt anybody. So why did I do it? I could offer a million answers, all false. The truth is that I’m a bad person. But that’s going to change- I’m going to change. This is the last of that sort of thing. Now I’m cleaning up, moving on, going straight and choosing life. I’m looking forward to it already. I’m going to be just like you. The job, the family, the big fucking television. The washing machine, the compact disk player and electrical can opener, good health, low cholesterol, dental insurance, mortgage, starter home, leisure wear, luggage, three-piece suite, DIY, game shows, children, walks in the park, nine to five, good at golf, washing the car, choice of sweaters, family Christmas, indexed pension, tax exemption, clearing gutters, getting by, looking ahead, the day you die.”
O zi de examen oarecare din viata unui student la Politehnica.
Examen la o materie nerelevanta. Sa zicem… “Materiale”. Mai pe intelesul tuturor, echivalentul unui curs de “Managementul fostelor ceapeuri” la ASE, “Cultura plantei de iasomie” la Agronomie sau “Doctrine staliniste” la SNSPA.
Ora 6:00 - Trezirea, constientizarea situatiei critice “zi de examen”. Palpitatii, gaze stomacale, etc…
Ora 6:15 - Pregatirea mapei: cursul (carte+foi xeroxate), rezumate schematizate, servite + eventuale copiute. (ca si cand ai voie cu toata biblioteca pe banca)
Ora 6:30 - Realizarea inutilitatii mapei “stufoase” la examenul respectiv. Reorganizarea mapei: 3 coli A4 + pix.
Ora 6:40 - Plecarea conform orarului pentru a prinde “loc bun, first class”
Ora 7:15 - Intrarea in sala de examen, ocuparea unui “loc prost, first desk”. Locurile bune se terminasera deja de la ora 5:00… Excentrici…
Ora 8:00 - Intrarea profesorului in sala de examen. Intrarea supraveghetorilor in sala de examen (primele reactii ale studentilor: Sugestii la adresa rudelor apropiate ale supraveghetorilor: mame, fii, fiice, neam, etc)
Ora 8:01:00 - Anuntarea subiectelor….
Ora 8:01:30 - Reactii la aflarea subiectelor (Fu**-** ****** ***** ** ****** ** *** de jegos!!!)
Ora 8:02 – “Hai ba, ce facem? Mergem?” … “Mai stai ba 5 minute, nu acum ca bate la ochi”
Ora 8:03 – “Hai ba, ce facem? Mergem?”
Ora 8:30 - Planul de calamitate A: Scriere in afara subiectului.
Ora 8:31 - Terminat de scris.
Ora 8:32 - Planul de calamitate B: auto-incurajarea (Cu siguranta ca si ceilalti scriu in afara subiectului…)
Ora 10:00 - Epuizarea timpului de alocat examenului. Predarea foilor, zambitor catre profesor. Iesirea din sala. Ciudat, insa intrebarile gen “Ce-ai facut ma?” sunt insotite de raspunsuri strans legate de organe de reproducere. Ora 11:30 - Reintoarcerea in sala pentru corectarea tezei. (De)punctare corecta, cu argumente si explicatii ale profesorului extrem de bine intemeiate: “Nu, Nu, Nu. Hmmm… nu.”
Ora 11:31 - Cuvinte de ramas bun colegilor, incurajari, si traditionalul “Bag **** in ea de facultate. Mai bine dadeam in p*** mea la ASE!”
Ora 13:00 - Acasa… Yahoo Messenger…. status adecvat situatiei. Invisible pentru dobitocii cu intrebari stupide.
Ora 14:00 - Somnul de frumusete… noi sa fim sanatosi…